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VOZ

Sarah Mullally, primera mujer nombrada jefa de la Iglesia Anglicana

Enfermera, de 63 años y madre de dos niños, sustituye a Justin Welby, quien se vio obligado a renunciar en noviembre de 2024 debido a su gestión de un escándalo de agresiones físicas y sexuales.

Sarah Mullally, durante un servicio por la muerte de Isabel II

Sarah Mullally, durante un servicio por la muerte de Isabel IIAFP

Virginia Martínez
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La obispa de Londres, Sarah Mullally, fue nombrada este viernes arzobispa de Canterbury, convirtiéndose en la primera mujer que encabeza la Iglesia de Inglaterra y es líder espiritual de los anglicanos, anunció el Gobierno británico.

Mullally, de 63 años, enfermera y madre de dos hijos, sustituye a Justin Welby, que se vio obligado a renunciar en noviembre de 2024 debido a su gestión de un escándalo de agresiones físicas y sexuales.

Mullally, que abandonó en 2004 su trabajo de enfermera para dedicarse al sacerdocio a tiempo completo, se convierte en la 106ª arzobispa de Canterbury.

"Paz y confianza en Dios"

En un comunicado recogido por AFP, la arzobispa reconoció la "gran responsabilidad" de su nuevo cargo, pero declaró que siente una sensación de "paz y confianza en Dios" para cumplirla.

El anterior líder del anglicanismo en el mundo, Justin Welby, anunció en noviembre que dejaría sus funciones el 6 de enero.

Welby, de 68 años, enfrentó días de presión para que renunciara tras las acusaciones de que su institución encubrió durante años agresiones físicas y sexuales de menores por un abogado vinculado a la misma.

El anterior arzobispo de Canterbury ofició en varios eventos reales importantes en los últimos años, como el funeral de la reina Isabel II y la coronación de Carlos III.

La pesada losa de John Smyth

Entre la década de 1970 y mediados de la de 2010, John Smyth, un abogado que presidía una organización benéfica vinculada a la Iglesia Anglicana y que organizaba campamentos de vacaciones, abusó sexualmente de 130 niños y jóvenes en Reino Unido y luego en África, en particular en Zimbabue y Sudáfrica, donde se instaló y murió en 2018, a los 75 años, sin ser juzgado.

La institución fue informada oficialmente de estos hechos en 2013, pero muchos responsables los conocían desde la década de 1980 y los mantuvieron en silencio como parte de una "campaña de encubrimiento", concluyó una investigación encargada por la propia Iglesia anglicana.

El informe también concluía que el arzobispo de Canterbury "podría y debería haber denunciado" a la policía la violencia cometida por el abogado a partir de 2013, cuando se convirtió en primado de la Iglesia de Inglaterra.

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