Opinión

Gavin Newsom y el problema demócrata con Israel

El gigante cuántico que exigirá energía de fusión

El fraude en Eslovenia es el primer paso para instaurar una dictadura

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¡Termine el trabajo, señor presidente!

¿Está Trump a punto de traicionar a Israel... otra vez?

Wikipedia fue a la guerra (y perdió)

Cuando la muerte se convierte en show: las últimas horas de Noelia en los platós de televisión con una oda al suicidio asistido

Sorpresa, sorpresa: sacando a relucir Pearl Harbor

"¿Qué cree que pasará cuando sean mayoría?". La persecución de los cristianos en diciembre de 2025

China está a punto de perder sus bases militares en Cuba

La narrativa de la "guerra fallida" contra Irán es un montaje político

El juego de los drones

El parque temático de la revolución

La sombra de Irán se cierne sobre la Hagadá de Sarajevo y un falso séder en el Congreso

Conversaciones en refugios antibombas

La narrativa de la islamofobia trata de borrar a los judíos y el antisemitismo

Guerra buena, guerra mala

El momento en que Trump debería haber confrontado el antisemitismo

El derrumbe de la derecha antisemita

Dictadores en casa, magnates en Occidente: la vida secreta de la cúpula iraní

El hundimiento de Europa

Detener los objetivos apocalípticos de Teherán es más importante que frustrar a Trump

Michigan, tenemos un problema

El despertar de América Latina

Honduras debe extraditar a sus comunistas vinculados al narcotráfico para sanar las heridas nacionales

El nuevo antisemitismo pro-ayatolá

Los crímenes de Hamás de los que nadie habla

El curioso caso de los 'antisionistas'

Por qué la energía de fusión debe nacer en Estados Unidos, ahora más que nunca

El problema del extremismo musulmán en España: Sánchez y su extrema izquierda

La narrativa de victimización de Mamdani y el futuro estadounidense

Para los opositores a la guerra, el problema es Trump, no Israel ni el régimen de terror de Irán

Los únicos líderes valientes que se oponen al reino del terror iraní

¿Quién defiende la civilización occidental?

Si los demócratas pro-Israel se extinguen, ¿qué harán los judíos liberales?

El ataque de Trump a Teherán deja al descubierto la ceguera de Europa

No culpes a Israel de que Estados Unidos se defienda de Irán

El martirio performativo de la nobleza DEI: cómo la estilista de Mamdani convirtió un vuelo de diez mil dólares en una gesta revolucionaria

Cumbre Escudo de las Américas: el histórico encuentro que afianza la Doctrina Donroe

Los críticos de Trump se juegan mucho en el conflicto de Irán

La quimera del jinete sin cabeza: el colapso interno de Irán y el jaque a la diplomacia china

La valiente decisión de Trump de encarar a Irán de frente

La energía de fusión debe nacer en Estados Unidos

Trump, como Eisenhower, resuelve los problemas primero engrandeciéndolos

El término a utilizar: Sionofobia

¿Cuál es el verdadero objetivo de la obsesión de Tucker Carlson con Israel?

Que empiece Israel y que ganen los iraníes

Laboratorios chinos de armas biológicas en Estados Unidos

La persecución de cristianos en el Medio Oriente islámico

Proyecto Vault: el último 'Proyecto Manhattan' de Trump en la carrera con China por el siglo XXI

La desradicalización de Gaza y otros mitos

La nueva constitución de la Autoridad Palestina: ideología radical con ropaje occidental

Irán: deshojando la margarita

¿Por qué los comunistas quieren una sociedad sin Dios?

Las fronteras abiertas provocaron una explosión de víctimas de trata de personas. Podemos detenerlo

La mayor amenaza para Occidente es la inmigración, no Moscú

La "Constitución" palestina para destruir Israel

El Año del Caballo en China llega cojo

El quebradero de cabeza del desarme de Gaza

El virus del odio hacia los judíos en la derecha se está propagando

Las ratas están viviendo su mejor momento en la Nueva York de Mamdani

Mamdani y el hundimiento del "sionismo liberal"

Reírse de Francesca Albanese

Cuando los tiranos piden negociar: el peligro de fortalecer una vez más la fábrica de asesinatos de Irán

El antisemitismo no es católico: por qué la Iglesia no puede darle plataforma a Candace Owens

El sionismo cristiano por encima del arabismo cristiano

La tóxica mezcla de crímenes reales y teorías de conspiración de los archivos Epstein

La madriguera de la resistencia y el fin de la democracia

El delirante "plan maestro" de la Administración Trump para Gaza

Trump no debe caer en la trampa de las negociaciones con Irán

Presidente Trump, ¡por favor, no deje al régimen de Irán en su sitio!

China se incrusta en el Ártico canadiense

El "borrado del Holocausto" en la BBC

El mundo después de Davos

El mundo está abandonando silenciosamente las Naciones Unidas

El peligroso impacto de estigmatizar a las fuerzas de seguridad
¿Podrá Bari Weiss salvar a los grandes medios de comunicación de los periodistas progresistas?

El inesperado ascenso del Mamdani británico: por qué Polanski no es broma

En Irán, ¿dónde está la UE? Negándose a designar organización terrorista al brutal Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica

El colapso demográfico de China y los fracasos de la ingeniería social

No hay que llorar el Holocausto mientras se apoya el genocidio de los judíos vivos

De Tiananmen a Teherán: cuando los regímenes tiránicos aplastan a los indefensos

Huckabee y Hagee apoyan el sionismo cristiano

Las relaciones saudíes con los Emiratos Árabes Unidos

¿Autodeterminación para los palestinos?

En la posguerra, quién gobierna Gaza importa más que quién habla de paz

Lo volvió a hacer

Notas de un estudiante proisraelí: nuestros lugares deben sentirse como un hogar, no como un escondite

El gran engaño del Cero Neto, el costo millonario de la alarma climática

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¿Ordenará Trump un ataque militar para derrocar a Jamenei?

El Tribunal Penal Internacional es el teatro de lo absurdo

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El Consejo Ejecutivo de Gaza y la ilusión de la salvación internacional

Trump, 1 – Resto del Mundo, 0

El nombre en la piedra: Donald Trump y Hay presidentes que pasan por la Casa Blanca y dejan leyes. Otros dejan guerras. Algunos dejan frases. Donald J. Trump, en cambio, deja su nombre. Tallado, dorado, impreso, acuñado. Un nombre que aparece en fachadas, en monedas, en barcos de guerra, en pases para parques nacionales y hasta en cuentas de ahorro para bebés.Mientras otros mandatarios esperaron décadas —o una bala, o la muerte— para ser conmemorados, Trump decidió no esperar. Apenas un año después de iniciar su segundo mandato, Estados Unidos amaneció con una novedad silenciosa pero elocuente: la arquitectura federal empezó a hablar Trump en presente.El Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas, símbolo del ideal cultural liberal del siglo XX, ahora se llama oficialmente Centro Conmemorativo Donald J. Trump y John F. Kennedy. Dos apellidos unidos como si siempre hubieran compartido algo más que una inicial. En la fachada del Instituto de la Paz de Estados Unidos, entre litigios y controversias, también aparece el nombre del presidente. Y en los océanos del futuro, un buque ya espera su botadura: el USS Defiant, primer acorazado de la clase Trump.Nada de esto, conviene aclararlo, ocurrió después. O mucho después. O cuando la historia ya había dictado sentencia. O cuando el mármol necesitaba distancia.Ocurre ahora.Según recordó Jeffrey Engel, historiador de la Universidad Metodista del Sur, “a lo largo de la historia occidental, la idea de conmemorarse y adularse a uno mismo se ha considerado de mal gusto”. No ilegal, no imposible: de mal gusto. Una categoría blanda, pero poderosa, que durante generaciones funcionó como freno invisible.Hasta que dejó de hacerlo.Los números cuentan la historia con una frialdad casi cruel. Harry Truman esperó 47 años para que un edificio federal llevara su nombre. Jimmy Carter, 42. Eisenhower, 38. Reagan, seis. Kennedy fue la excepción trágica: menos de un año, empujado por el duelo nacional. Trump, en cambio, no esperó nada. Dos edificios federales ya lo celebran mientras sigue firmando órdenes ejecutivas.En la moneda, el contraste es todavía más brutal. Washington tardó 135 años en llegar al dólar. Lincoln, 44 al centavo. Roosevelt, un año al diez centavos, otra vez la muerte como condición. La ley de 2005 fue explícita: ningún presidente vivo en una moneda. Pero siempre hay atajos. La moneda de un dólar Trump —parte de una serie por el 250° aniversario de la independencia— ya está propuesta. La última vez que algo parecido ocurrió fue en 1926, cuando Calvin Coolidge compartió metal con George Washington. Un gesto excepcional, en un aniversario excepcional. Trump, una vez más, lo vuelve rutina.El patrón se repite. Las Cuentas Trump para recién nacidos, incluidas en la última gran ley tributaria. TrumpRx.gov, el sitio oficial para comprar medicamentos con descuento. La Carta Dorada de Trump. El pase America the Beautiful para parques nacionales, ahora con su imagen, desafiando normas y demandas ambientales. Incluso una propuesta —todavía más ambiciosa— para agregar su rostro al Monte Rushmore, ese Olimpo pétreo donde solo habitan muertos ilustres.Desde la Casa Blanca, la explicación es simple. Según la portavoz Liz Huston, no se trata de vanidad sino de “iniciativas históricas que no habrían sido posibles sin el audaz liderazgo del presidente Trump”. El nombre, entonces, no sería un homenaje: sería una marca de origen.Trump no es el presidente más nombrado de la historia. George Washington sigue ganando por goleada si se cuentan barcos, ciudades, avenidas, escuelas. Pero hay una diferencia clave: Washington nunca se puso Washington encima. Ni en mármol, ni en oro, ni en vida.Trump sí. Y lo hace mientras gobierna.La historia estadounidense conoció excepciones. Washington permitió que la capital llevara su apellido, aunque él insistía en llamarla “Ciudad Federal”. Hoover tuvo una presa. Pero incluso ahí, el gesto fue discutido, resistido, revertido y restaurado. Siempre con pudor. Siempre con conflicto.Trump, en cambio, parece cómodo en el centro del escenario, bajo letras mayúsculas, sin cortinas.Quizás dentro de cien años, su nombre en edificios, barcos y monedas resulte tan natural como hoy lo es Lincoln. O quizás no. Quizás sea leído como una rareza de época, un exceso, un síntoma. Lo único seguro es que, mientras otros presidentes entraron a la historia por lo que hicieron, Trump parece decidido a entrar por cómo se llama.Y esta vez, no espera a que lo inviten.el arte de bautizar el poder

